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La Música y la mentira, por Pedro B. Breis.

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Si alguna vez habéis escrito algo, sabréis que una de las preguntas más recurrentes que los conocidos y los lectores te formulan directamente es: “¿Tiene algo de autobiográfico?” En mi caso siempre contesto que no. Miento, claro.

Todo lo que hacemos en la vida tiene una directa relación con lo que somos en realidad. A veces esta relación se hace evidente y otras se oculta bajo metáforas que maquillan el verdadero fondo y lo hacen parecer otra cosa. Si pasamos una toallita, podemos retirar el maquillaje e intuir la motivación última del relato.

Si algún día alguno de vosotros lee mi libro, al principio notará que la música es una parte importante del mismo. Cuando llegue al final, además, descubrirá que es el eje invisible que vertebra la historia.

Se lo debía. Si mi vida fuera un gráfico en forma de línea que sube conforme la felicidad aumenta y baja en los malos momentos, entre varias cimas hallaría dos grandes fosas. De aquellas que dejan una cicatriz que cambian tu aspecto interior. Y digo “aspecto” porque me niego a aceptar que los golpes puedan con quien realmente somos. Como mucho les voy a permitir el honor de poder cambiar lo que nosotros nos atrevemos a proyectar a los demás.

En ambos momentos, fue la música una de las grandes protagonistas de mi recuperación. De que ese niño, o ese joven que entró en la cueva, encontrara una linterna que le ayudara a salir. Magullado, pero a salvo. Diferente, pero igual. Más adulto, más duro, más sabio. Menos inocente.

Quizá en la próxima entrada os explique con más detalle en qué consistieron esos momentos y cómo la música me iluminó. Quizá no me atreva y lo oculte bajo una metáfora que me dé un pretexto para cuando alguien me pregunte, “¿Tiene algo de autobiográfico?”, pueda decir que no. Aunque sea mentira.

Por Pedro B. Breis colaborador del Blog y escritor de So long Marianne.

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